Necio lector.

Una de las cosas de las que se enorgullece un lector asiduo, es la cantidad de libros que puede leer en un año. Desde que en México se estableció que somos estúpidos porque solamente leemos un libro al año, las pocas personas que tienen cierto amor por la lectura sacan el pecho orgulloso e incluso arman competencias por leer un libro semanalmente, un libro cada mes, o bien, alcanzar una determinada meta de libros al año.

Eso está muy bien.

A mi también me gustaba jugar carreritas con los libros. Libros de ficción, poesía y cuentos, que me alimentan durante dos o tres días. Dependiendo que tanto empeño le ponga. Se me ocurrió hace algunos años (creo que dos), leer tres libros y casi al mismo tiempo. En el blog debe estar registrado, en algunos párrafos, el atrevimiento que hice de tocar estos libros de manera simultánea.

El tambor de hojalata, de Günter Grass.

La segunda parte de El Quijote.

Y los ensayos completos de Octavio Paz.

Hubo una sobrecarga y dejé de leer los tres libros. No sólo eso. Me parece que no leí nada sustancioso, ni siquiera entretenido, durante ese tiempo. Intenté leer “Tiempo de Fuego”, pero tenía las palabras de Grass, de Paz y Cervantes en la cabeza. Palabras a las que deseaba regresar con cierta renuencia, porque no son palabras sencillas. Son palabras que golpean al hombre y modifican su estado como si fuera plastilina. Cosa frágil, en verdad, es el hombre… (ay ay ay).

Entonces leí comics. Leí “Watchmen”, “V for Vendetta”, “Y the Last Man” y “Civil War”. Seguramente leí otras sagas, pero las olvidé. Los comics funcionaron para que pudiera retomar la lectura. Curioso.

Soy un hombre que se enoja con los libros. Los tres, en distintos puntos, me afectaron a un nivel muy personal.

Pasa algo con Octavio Paz y la juventud literata.

Octavio Paz, desde lejos, para nosotros los jóvenes, es un pretencioso. Material para “culturosos”, digámoslo así. Algunos profesores, ya sea disimuladamente o a grandes voces, hablan de él como quien detuvo la literatura en México. Algunos hablan que para publicar había que hacerse amigo de Paz. Otros tantos hablan, que como literato nunca debió ser un portavoz político de la cultura mexicana. Cuando ganó el Nobel, era ridícula la cantidad de libros y ensayos que estaban publicados con su nombre por todas partes.

Es más, se publicó toda su obra. Publicar toda la obra de un escritor, es como pedirle a este que mantenga un blog. Descubrirás que no siempre escribe las cosas que te gustan, por ejemplo. O descubrirás sus primeros y muy malos, poemas.

No fue culpa de Paz. Fue culpa de México. Un país inseguro de su cultura, necesita explotar a sus íconos para darle fe a su gente, y a la vez, decepcionarla. Explotaron a Paz. O Paz se autoexplotó. O lo explotamos todos. Es como en los deportes. Tenemos al nuevo portero mexicano, y ese portero lo llevamos a tres mundiales porque México no ha entrenado otro. Porque la gente quiere ese. O hacemos que una mujer que ya abandonó sus buenos años, siga corriendo en las pistas, y la invitamos a que continúe, a que se convierta en el pípila y nos rescate a todos.

Hace seis años, nada más de escuchar el nombre de Paz y verlo en la televisión, fruncía el entrecejo. Pensaba en el tipo y me caía mal. Lo escuchaba hablar y me caía mal. Miraba sus ademanes y lo despreciaba. No era el único con esa opinión. Tantas veces escuché en la facultad como lo demeritaban. Como demeritaban su obra, su vida, su opinión, su existencia.

En algún momento acepté que no había leído su obra. Algunos poemas, pero los poemas no me gustaron. Así que elegí sus ensayos. ¿Por qué no? Si tenía razón, me daría el placer de criticarlo.

Después de unos años, estoy por terminar los ensayos de Paz. Los leí muy despacio. Leí disfrutando sus contrastes y sus ritmos. Ese ritmo que empieza con una aseveración y después sigue, y sigue, y sigue. Cuando empieza con algo serio, lo transforma en pensamiento poético y lo reafirma. Lo explota. El dominio de las palabras, el dominio de sus lecturas, de como puede atar los cabos sueltos y recrear la historia desde un punto de vista poético, es único. Octavio Paz tiene un bello vocabulario.

A medida que lo leía, tenía que detenerme para meditarlo. Meditarlo mucho.Por supuesto que esto me provocó un conflicto. Me di cuenta que durante mucho tiempo critiqué a un escritor sin haberlo leído. Lo había escuchado, había leído tres poemas de él, había escuchado de mis profesores y mis colegas. Eso formaron mi opinión de él. Cuando empecé a leer el libro de ensayos, me dije-. Lo voy a leer rapidito para leer otras cosas.

Y pasa que… hay libros que te demuestran cuán mediocre puedes ser como lector. Puedes leer tantos libros como quieras al año, pero hay libros… hay libros especiales, que te detienen. Que te transforman, trituran y desgarran lentamente. Hay libros que no sólo modifican tu visión del mundo, si no la médula… el espíritu, el tuétano, qué se yo. Hay libros que moldean tu cerebro. Libros que te piden años de tu vida, y te dan la capacidad para leer otros como ese.

Libros que te ubican en el contexto. Un gran contexto.

Tal vez sea buena excusa.

Cuando termine el libro, me fumaré un cigarrillo.

En el increíble Sanborns, ignorando lo que sucedió en Singapur.

Hace muchos años, en Singapur, fui brutalmente torturado y … bueno, eso corresponde contarlo en la historia de Medel. Ya está el borrador del siguiente capítulo, pero no me animo a publicarlo todavía. El siguiente capítulo tengo la intención de que sea el último. Así que estará largo, jugoso y divertido.

Mientras tanto, puedo platicarles de la minifalda de la gerente de Sanborn’s.

No tengo vergüenza. Llevo varios minutos mirándole los muslos.

Y dio la casualidad, que mientras decidí escribir en mi blog, se me puso enfrente y anda levantando un poco los piecitos. Entonces las nalgas se le ven muy bien. Y ya se fue detrás del mostrador. Creo que ya puedo enfocarme a escribir. Hay otra mesera por ahí que tiene una falda igual de pegadita, pero no me llama tanto. Hasta para elegir las piernas, el perro faldero se pone sus moños.

-No cualquier hueso, wof wof. Ay mamón.

Hace mucho que no escribo.

No fue la brucellosis, no fue el trabajo, no creo que sea la boda. Simplemente me agoté. Pasó el tiempo y pasó el tiempo. Todo pasaba por mi cabeza, excepto la hoja en blanco. Nada de escribir diario. Mientras tanto, me alimenté con el blog de Kabeza, con la iniciativa de comics de Guffo, con la historia de Medel, me alimenté leyendo uno que otro blog, respondiendo mis correos o abusando de las aplicaciones de facebook. Sencillamente, me olvidé de escribir.

Y ahora que tengo ganas de escribir de nuevo, extraño los cigarrillos. Hoy es mi octavo día sin fumar. Si hay diferencias. Uno despierta sin el dolor en el pecho o la garganta irritada. Se duerme mejor y se despierta mejor. Pero la vida se convierte en una lucha. La ansiedad por comprar una cajetilla y prender un sólo cigarro, que te lleva al siguiente y luego al siguiente.

He pensado crearme un rito, como los escritores de Stephen King.

Prender un cigarro cuando termine una novela por ejemplo.

Por otra parte… al dejar el cigarrillo he descubierto que la voluntad es una cosa poderosa. Crece al individuo y le da la confianza para matar dragones. Es cierto que deseo fumar. Es cierto que huelo un cigarrillo y ya estoy pensando en prender uno. Pero negarlo… caray, negarlo. Da cierta satisfacción. Sentimientos encontrados entre la adicción, sentir la nicotina de nuevo, sentir la dopamina explotando en el cerebro, y la capacidad de negar la adicción, sentirse un súper hombre y la ilusión del control del propio destino.

Dejé de fumar.

Este súper hombre, que dejó el cigarrillo, es ridículo per sé. He recorrido todo Angelópolis el día de hoy para comprar lo que falta en el vestuario del novio. Me caso en dos semanas. Creo que eso ya lo sabían. Si no lo sabían, se los recuerdo. La gerente de Sanborn’s es imperativo que sepa me voy a casar. Probablemente eso le provoque ternura y suba dos centímetros más la falda.

Ya compré lo que me faltaba.

Casarse de guayabera, no quiere decir que es más barato. Casarse de guayabera trae varias consecuencias: todo de blanco. Como yo no tengo ropa blanca, y como mi novia me ha pedido de favor que no sea el comodino que suelo ser, he comprado desde los calzones (300 pesos por unos calzones. Los subastaré por e-bay cuando sea famoso) hasta los zapatos (y qué zapatos).

Los zapatos fueron particularmente problemáticos. Fui a Palacio (totalmente), y encontré unos converse totalmente blancos y de piel. Me convencí que esos estarían perfectos. Casi los compro. Mi error fue consultar primero con mi dulce polly, quien me dijo: “No. Tenis No. No Man. Ches. Tuvida. Cabrón. TE VAS A CASAR Y NO DE TENNIS”.

Me enamoré de ellos.

Me enamoro de todo lo que no le gusta a mi mujer. Señales de que ya estoy más casado que soltero.

Agradezco al señor que me dio ojos para verle los muslos a la mesera. Agradezco al señor que me dio salud, para hacerle el amor a mi futura esposa y agradezco al señor la voluntad que me dio para dejar el cigarrillo.

Agradezco, señor, la promiscuidad en internet y las minifaldas de las gerentes de Sanborn’s. Slim. Eres lo máximo. Es todo por hoy.

Brucella Abortus.

O por qué nunca debes hacerle el amor a una vaca.

El viernes pasado, me enfermé de alguna variedad de gripa que se esparció en la oficina. Cuando uno se enferma, me fijo muy bien en los síntomas y los días. No es casualidad que al día siguiente otro amanezca enfermo y presente el caso clínico del día anterior. Así sé, si acaso llegara a enfermar, cuando mi cuerpo debe sanar o sentirá menos el peso del desafortunado contagio.

Santiago se enfermó el lunes de gripa. Una gripa que le duró tres días. Los primeros dos días se veía terrible. El tercero ya se veía normal, aunque carrasposo y el cuarto ya no presentaba señales de la enfermedad.

Yo me contagié el viernes.

Esa semana tuve algunos dolores de cabeza, sudé sin motivos aparentes, tuve algunos dolores de espalda. He olvidado mencionar que trabajé en la campaña de Julio Regalado y que en otro de los días se nos ocurrió abrir cinco castings. Era un manojo de hombre. Me imagino eso: “Manojo de hombre”.

Me viene a la mente un Dios travieso. Sus manos delicadas, delgadas, huesudas, atraviesan un mercado de hierbas, de polvos cósmicos y accidentes naturales. En el puesto más insignificante de todos, encuentra un pequeño botecito. Un manojo de hombre, le dice a la señora canosa que atiende. Los dos se sonríen.

El viernes viajé a Puebla, porque mi novia tuvo un arranque de soledad. Cada que tiene un arranque de soledad, debo agarrar un camión o figurarme las consecuencias. Con todo y gripa, llamé un sitio de taxis y me fui a la TAPO. Viajar no sería tan malo. De noche, sin calefacción, sin película que ver para distraerse…

El viaje estuvo tranquilo. Cuando llegué me llenaron de besitos. Lo que hace uno por ver, tocar o besar, a la mujer amada. Manojo de hombre. Palmo de mujer. Knorr Suiza presenta.

Platicamos, salimos, comimos por ahí, nada del otro mundo… quesadillas de las vías. Creo que eso me enfermó. Resulta que el domingo desperté con un dolorcito en el vientre. Ese dolor en el vientre se extendió todo el día. Curioso. Según mis cálculos el domingo salía de la gripa.

El dolor en el vientre, también era dolor de panza y cabeza. Dolores intermitentes. Los dedos gentiles apretando la cabeza. Fiebre. Sudor. Molestia estomacal. Palomitas y coca cola. No debí. Tacos de bisteck con queso la noche anterior. Aguacate. Me gusta el aguacate. Es de mis frutas preferidas. Sueño. Hulk el hombre verde. Hulk, el aguacatote.

Vi Hulk, y regresamos a casa.

Después de unas horas, entre dormir, dar vueltas, fiebre, ir al baño, vomitar y otros milagros inesperados, fuimos a la sala de urgencias de la BUAP. No es que fuera urgencia. Es que la pequeña clínica a un lado estaba cerrada. Experimenté el placer de sentarme en una camilla por primera vez. También me pareció sumamente curioso el proceso de ponerse una bata, acostarse, taparse, todo eso.

Nunca había estado en un hospital.

Todos mis sueños se cumplieron cuando me pusieron un suero, y cuando me sacaron tres botecitos de sangre para hacerme análisis. Me tocó una enfermera buena onda, a la que le gustaba hacer bromas. Tres médicos me preguntaron cosas. A los tres les respondí lo poco que sabía. Uno de ellos parecía tener muy buena intuición, porque me preguntó si había sentido algo inusual durante la semana.

Respondí que sí, que estuve sudando en días pasados, cuando regularmente no sudo. Que médico tan intuitivo. El médico dijo que me harían los análisis para confirmar que no tuviera salmonelosis. Mi mujer se quedó conmigo. Prendió su celular un rato y se puso a jugar, en lo que yo cerré los ojitos y me dormí.

Cuando desperté, la enfermera buena onda me estaba mirando. -¿Todo bien? -Pos todo bien. -Ahhh bueno. Le traje su antibiótico. Una bolsa grande de antibiótico. Esta bien, póngamela. Y me la puso. Se me quitaron la fiebre y el mareo. Me dormí otro ratito, supongo. Mi mujer hablaba por teléfono con su familia. No sabía que un antibiótico actuara tan pronto. Bien.

Desperté de nuevo. Platiqué un ratito con mi mujer. Una doctora entró.

-¿Cómo se siente?

-Ya mucho mejor.

-Pues ahí le va la mala… tiene brucellosis.

-Ahh… ¿Ah? ¿Y qué es eso?

-¿Comió leche o quesos caseros?

-Pues…

No. Ninguna de las dos. Ya la doctora me explicó un poco como la brucellosis afectaba todo mi cuerpecito. Como pude adquirirla. Lo más importante: como no hacer que se enojara. Me dio mi receta y anotó dos cosas muy importantes… Suspender irritantes y grasas. Asentí despreocupado. Generalmente, cuando se trata de recuperar el cuerpo y continuar siendo una hierba mala, hago lo posible. Me gusta estar aquí. No se puede molestar gente, si no se está sano.

Ni modo.

Los sintomas de esta cosa:

* Dolor en el vientre.

* Fiebre. (De hecho, se le conoce como fiebre de malta o fiebre ondulante).

* Nausea.

Trivia:

* Si no se trata, se aloja en los huesos y se convierte en una enfermedad crónica. Eso quiere decir que te molesta de vez en cuándo, durante toda tu vida.

* Cuando molesta… molesta bien chingón.

* Se quería usar como arma biológica en la segunda guerra mundial.

* Se necesitan dos antibióticos para su tratamiento.

* Te enfermas si tomas leche no pasteurizada o queso casero.

* En algún estado, a HIllary Clinton le ofrecieron un vaso de leche, recién salidito de la ubre de una vaca. El servicio secreto al enterarse, preparó las super inyecciones de antibióticos más potentes de la historia… para que no le diera brucellosis.

* Si eres necio y no tratas la brucellosis, se te inflaman los testículos. Ja.

* También te da si tocas la placenta de algún torillo, un aborto, las heces y todo tipo de desechos. Por supuesto, el animal debe estar infectado.

* El tiempo de gestión es largo… muy largo. El promedio es entre dos semanas y dos meses. Sin embargo, hay casos donde puede tardar… muchos, muchos meses. Incluso años.

* Gracias a la brucellosis, he dejado de fumar. Llevo 4 días y medio sin fumar y sin tomar refresco.

Hablando de eso…

…He dejado de fumar. Y de tomar refresco.

Publica 2

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Comenzando el sábado 31 de Mayo a partir de las 4:00pm, hasta el 7 de

Junio del 2008, se presentará en ÁREA (Lugar de proyectos Caguas, PR)

PUBLiCADos, la segunda muestra del evento multidisciplinario y

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publicaciones independientes y la experimentación mediante el

publicar. PUBLiCA Dos, reúne en el espacio mas de cincuenta proyectos

y piezas en colectivos e individuales entre escritores, artistas

visuales, músicos, diseñadores, y coleccionistas. Este año Publica 2

incluye la participación de:


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2. Lo ke no se dice – BLOG

3. Chancleta Marina – FANZINE Hector García

4. Zine(sin)ideas – FANZINE

5. Fernando Andrés Ortiz – FANZINE/PROTOTIPO

6. El Status – WEB

7. Indymedia – WEB

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9. Donde veo arte – WEB

10. Rotund World – WEB

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12. Autogiro – WEB

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14. Fernando Castro – PUBLICACION ESCRITOR

15. Zoraida López – ARTISTA/RARE BOOK

16. Carlos Antonio Otero Aponte – ARTISTA/RARE BOOK

17. Elizabeth Robles – RARE BOOK

18. Odalis Gómez Báez – RARE BOOK/PEGATINAS

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20. O.T.S. – CAMISETAS/PASQUIN

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23. José Ibáñez – PUBLICACION SONORA / COLECCIONISTA

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25. José Tomás Burgos – PUBLICACION SONORA

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27. Walter Morciglio – PUBLICACION SONORA/BLOG 30 canciones de septiembre

28. Faden– PUBLICACION

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30. Agentes catalíticos – PUBLICACION

31. MM Proyectos – PUBLICACIONES INDEPENDIENTES

32. Pedro Vélez – ARTISTA/BLOG Boxscore

33. Teresa López – ARTISTA/PUBLICACION Orificio

34. Joythief / Evolpillows – ARTISTA/CAMISETAS/AFICHES

35. Ilia Isales – ARTISTA

36. Jesús (Bubu) Negrón – ARTISTA

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39. Elsa Meléndez – ARTISTA

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41. Nora M. Nieves – ARTISTA

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47. Fernando Pintado – ARTISTA

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49. Rafael Miranda – ARTISTA

50. Ramón Beltrán – ARTISTA

51. Chemi Rosado – ARTISTA

52. Rachel Hernández Pumarejo – ARTISTA

53. Omar Obdulio Peña Forti – ARTISTA

54. Edga Claudio – ARTISTA

55. Beatriz Santiago – ARTISTA

56. Gamaliel Rodríguez – ARTISTA

57. Edwin Torres – ARTISTA

58. Rosemarie Perea – ARTISTA

59. Christopher Rivera Rivera – ARTISTA

60. W&N – ARTISTA

61. Mary Anne Hopgood

62. Creative Commons PR

63. Fideicomiso de Conservación de Puerto Rico

64. Michelle Miner - La tiendita de PUBLiCA/El Old School Book Stop

65. DR. Pitt Von Pig - PERSONAJE ILUSTRE

66. Ernesto Orozo/Gean Moreno

El corazón es un gitano.

El corazón es un gitano

1500 puntos de internet a quien conozca esta canción.

Singapur no esta a 15416 kilómetros. ¿O sí?

Este post es parte de una serie, llamada “Ernesto Medel y las vampiras de Polanco”. Anotación 12 de 12


-¡Ándale cabrón, saca el papel!

-Ahí voy, ahí voy.

-Puta madre.

-Tengo seis bolsillos en mi abrigo Medel, dame chance.

-No mames.

-El humanito necesita bolsillos para sentirse cómodo -molestó Jezabel-. ¿Todavía recuerdas lo que dijiste cuando nos conocimos?

-¿Pinche vampira de mierda?

-Me prometiste que no eras un familiar, humanito cazador.

-Hey, hey, Armenius, no la insultes así, que te puede rajar de un buen putazo.

-¿A ti no?

-A mi Señor jamás le haría eso.

-Es que has de saber, que se la metí por la boca y me vine en su garganta. Desde entonces tiene delirios con que yo soy su Señor.

-¡Ah carajo Medel, chingada madre con tu información tan detallada!

-Un sabor tan dulce…

-Y tú muy educada y poética, che vampirilla puta.

-Y tan amargo a la vez… mejor que la sangre. Tengo hambre.

-El papel Armenius. EL PINCHE PAPEL.

-¿TE AGUANTAS? Ya me confundí. No sé en que bolsillo estaba buscando. No sé cual vi… no sé nada…

-No pienso regresar con el demonio, humanito.

-A ver, Jezabel. Salte del coche pendejo y busca el papel. Mientras me follo a la vampira.

-Ummm, me parece una excelente idea.

-A la verga con ustedes dos… hey… espera, ¿hablas en serio?

-Mi señor, ya me puse de perrito. ¿O cómo lo prefieres?

-No tienes que sacar tanto el culo. Acuérdate que la tengo grande.

Armenius salió del coche y le dio un portazo. Hice lo mismo. Salí y empecé a sobar el culo de la vampireja con mis manos. Le subí el vestido. Le bajé los calzones. Me saqué la ñonga. Me lo merecía. De verdad. Después de tantas aventuritas, un pequeño intermedio donde pudiera follar agusto no estaba de más.

-¿Ya encontraste el papel Armenius? Y tú alza más las caderas pendeja, si no soy pigmeo.

-Al fondo, mi señor.

-Me estoy follando un culito que parece de veinte, pero tiene más de ochocientos años de edad Armenius, ¿no te da envidia?

-Cógeme… cógeme…

-A las otras seis las vamos a matar cabrón.

-Ella es de la casa Gris, ahhh cabrón como aprietas… las otras son de la casa Roja. No hay bronca. Son rivales.

-Las vamos a matar mi Señor, y alimentarnos con su sangre.

-Nomás tú… aaaahhh cabrón. Me equivoqué Armenius. Culito de anzuelo carcelero.

-Tenía … dieciséis … cuando … me convirtie … ron, mi Señor.

-¿Ya ¡coño! encontraste el pinche papel?

-Ya, desde hace rato.

-Entonces espérate a que acabe cabrón.

-No … te … distraigas.

-¿Desde cuándo me das órdenes?

-Ay no por favor.

-¡Toma esto cabrona!

-Esto Medel… esto, es digno del libro vaquero.

-¿Ya leíste la dirección?

-No. Mejor te espero.

-¡Leela!

-Ohhh, tan dulce, tan dulce. Había olvidado el placer de fornicar… tantos años después…

-¿Cuántos años llevas sin hacerlo?

-No me la distraigas Armenius so pendejo.

-Al menos … Ahhh… no lo sé… al menos… Ahhhh…

-Dos millones de pesos, si dejas de follarla Medel.

-Estas… ¡ay coño! pendejo.

La vampira y yo nos enfocamos a lo nuestro. Miré de reojo que Armenius desdobló el papelito y su rostro se puso pálido. Cualquier cosa que enblanqueciera al compadre, significaba diversión. Nalgueé a la vampira un par de veces. Parecía disfrutarlo sobremanera. Su impulso de beber sangre era meramente alimenticio. Una necesidad física que debía satisfacer como la mía de matar. Pero coger, vaya… coger. Mero placer. ¿Han intentado coger después de diezmar un ejército, muchos judíos, algunos familiares, madrearse con la muerte?

Lo recomiendo sólo si tienen el estómago para continuar vivos después de todo eso.

Terminamos después de unos minutos. La vampiresa se acostó agradecida en el asiento trasero y me miró sonriente.

-Voy a dormir, mi Señor. Agradecería si me cubres la piel porque no tarda en amanecer. No quisiera morir, aunque la decisión esta en tus manos.

Le quité a Armenius el abrigo y se lo puse encima.

-Ahí te lo acomodas. Duerme bien, que tengo mucho que platicar con este pendejo -me giré al pendejo-. Entonces, ¿qué sigue?

-Medel… ¿de verdad fuiste por mí, al más allá?

-Si güey, sí. Dame el papel si no me vas a decir.

-¿Eso quiere decir que me quieres un poco?

-No mames -le arrebaté el papel de las manos, lo desdoblé y leí:

escritor-mensaje.jpg

Me froté el rostro. Saqué un cigarrillo y lo prendí. Armenius hizo lo mismo. Ambos sabíamos que durante nuestro reencuentro, bueno, al menos antes que perdiera los recuerdos, habíamos logrado estar en paz con lo de Singapur. No es que me importara. Ya lo había puesto en su justa dimensión: en el pasado. Pero buscar a las vampiras ahí, cuando tenía al ejército mexicano buscándome, a las fuerzas especiales judías y además, al ejército Singapur y la mafia China allá…

Suspiré. Me acerqué al coche para vigilar que la vampira se hubiera cubierto bien. La íbamos a necesitar. Armenius se subió al asiento del copiloto.

-Hablaré para que nuestro piloto esté listo. ¿Recuerdas cuántas horas fueron?

-No. Me la pasé dormido todo el camino.

-¿En dos horas esta bien? Vamos a pasar a tu casa para que lleves algunas armas de tu arsenal.

-Sí. También me servirían mucho la thompson y mi escopeta recortada.

-Ahorita llamo para conseguirte unas.

-Una tommy gun también.

-¿Vamos a necesitar mercenarios?

-No lo sé. ¿El contacto que teníamos allá todavía querrá trabajar con nosotros?

-Wao Li… déjame, déjame llamarle de una vez.

-También necesito que investigues si el Servicio de Inteligencia Mexicana va a mandar a Salgado y agentes especiales.

Toda la información corría furiosamente por mi cerebro. El mensaje del Escritor estaba escrito como si ya lo hubiera planeado. Nada parecía correcto. Desde las vampiras, los judíos, los golems y la thompson. Esos monstruos que jamás había visto y creanme, había visto muchas cosas en esta vida. El escritor no pudo controlarme del todo, pero a la vampira se le había facilitado enormemente.

Vampiras… ya decía yo que eran una mamada.

-No se te olviden las municiones Armenius.

-No señor.

-Es la segunda vez que te salvo el culo.

-¿Medel?

-Creo que no lo sabes, o te has hecho bien pendejo todo este tiempo. Pero sí hiciste un trato con el Escritor. Te está controlando y ya nos metiste en esto hasta el fondo. Las vampiras no existían antes de esto. Los golems, ni los judíos ninja cabrón. No hay otra forma de que esto sea posible. Después qué sigue… ¿zombies?

Armenius miró fijamente a mis ojos.

-Mira… la verdad wey. De verdad no recuerdo si hice el trato. Si te soy honesto, sólo recuerdo que le invité la bebida . Tengo lagunas de ese día y no me queda de otra más que llegar al final para descubrirlo. Te invité porque sé que todavía tenías espinitas por lo de Singapur, y porque si quería algo de valor para recorrer todo el camino, eras el único que me lo iba a dar.

-Y protegerte, ¿verdad huevón?

-Sí. Protegerme también.

Se acabó el cigarro. Lo aplasté con el zapato. El inconsciente de Armenius sabía que no podría solo enfrentar a un demonio que controlara su destino. Por eso había necesitado a otro demonio que le importara un comino. Alguien que pudiera quebrar las reglas, alguien impredecible, alguien.. bueno, el único. Yo.

-No hay nada que agradecer Armenius. Me he divertido mucho. Haz las llamadas que nos vamos a Singapur. Ahhh… y un favor.

-¿Qué?

-Consíguele un ataúd a Jezabel para el avión. No quiero que se me queme el mejor culito que me he follado.

El gran capítulo 7708, de una novela mediocre, de un pésimo escritor.

Este post es parte de una serie, llamada “Ernesto Medel y las vampiras de Polanco”. Anotación 11 de 12


Cuando desperté, Armenius estaba dormido y sentado contra el callejón y la vampira estaba a la entrada, protegiendo la calle. Me palpé el rostro. Los litros de sangre que había perdido en mi pelea contra la muerte parecían estar en su lugar.

Mi costilla ya no me dolía. E incluso, me sentía más joven. No sentía molestias en las rodillas. No sentía pesados los pulmones. No había molesto hormigueo en las articulaciones. Además de putearme me hizo un gran favor.

Me levanté y Armenius despertó al mismo tiempo. Abrió la boca sorprendido, se la llevó al rostro y me señaló.

-¿Tú? ¿Qué haces aquí? -volteó a ver a su alrededor-. ¿Qué hago aquí? ¿Dónde chingados estoy? Medel, no mames manito, no mames, si es venganza por lo de Singapur… carnal, de verdad lo siento. Perdóname, perdóname por favor.

-¿De que hablas cabrón? ¿No te acuerdas de nada?

-¿Me drogaste en el departamento? ¿Te enteraste de mi último trabajo? Medel, ¿qué quieres güey? Justo te iba a llamar para que me ayudaras. Es que no me lo vas a creer Medel, ¡son vampiras!

-¿Cómo yo, humanito Cazador? -preguntó Jezabel, quien se acercó a escuchar nuestra conversación. Sonrió con todos los dientes. Sus colmillos reflejaron un brillo con la luz de los postes. La cabrona se inclinó coquetamente, apretando con los brazos el escote.

Armenius y yo nos miramos, y luego él gimió un poco.

-¿Qué pedo? ¿Medel, qué pedo?

-Mira tu reloj cabrón.

-Mi reloj… -Armenius se remangó el abrigo, y miró su reloj. El rostro se le hacía cada vez más pálido con las preguntas que no podía responder. Consecuencias de traer un alma que ya estaba muerta. Olvidar todo lo que padeció para continuar viviendo.

Que poético.

-Te voy a decir lo que te has perdido, carnalito. Ya me enteraste de las vampiras. Ya nos madreamos con el ejército y con una secta de judíos poco ortodoxos. Ya nos metimos a la casa de las vampiras para encontrarnos con que no había ninguna. E incluso, me dijiste que nos llevarías con El Escritor, para que este nos dijera donde podíamos hallarlas. Luego vino uno de tres judíos hijos de puta y te mató.

La vampira no confirmaba nada de lo que decía. Solamente miraba con los ojos pelados, como ya era su costumbre. Eso me puso nervioso para ser francos.

-Me di en la madre con la muerte para traerte de vuelta. Estás aquí porque me di mis putazos. ¿Verdad Jezabel?

-Mi señor, no sé de lo que habla. Jamás lo he visto perder -dijo la vampiresa, muy seria.

Alcé una ceja.

-¿Qué dijiste pendeja?

-Mi señor. No sé de lo que hablas. Recuerdo más que el humanito, ciertamente, pero jamás te he visto perder.

Referencia literaria que le habría encantado al profesor que maté a librazos: Me sentí en el episodio de la cueva de Montesinos. La vampira no quería admitir que había perdido la pelea. Armenius no recordaba nada. ¿Acaso, la mejor pelea en la que me había visto involucrado estaba reservada solamente a mis recuerdos? Ni siquiera tenía una cicatriz que lo pudiera comprobar.

No… no podía ser así. Ese recuerdo estaría en la memoria de dos personas. Muy bien. Cuando muera, le preguntaré si nuestra pelea fue real. Nomás por si las moscas.

-Medel… está bien, está bien. Supongamos que te creo Medel. ¿Cómo hiciste para perdonarme lo de Singapur?

-Acordaste pagarme 80 millones de pesos después del trabajo -dije seriamente.

-Te vas a la verga. Te voy a decir lo que seguramente hice: Te pagué los dos millones que te debía de Singapur. Y te di una cantidad para el trabajo. ¿Pero sabes que pasó en realidad? Que insistí tanto en que eran vampiras y en que iba a haber madriza, que fuiste corriendo a verme. Nunca dices que no a los retos.

Sonreí ampliamente. Armenius correspondió la sonrisa un tanto nervioso.

-¿De verdad fuiste por mi al más allá?

-Sí. Me caes bien chaparrito. Si quiero putear vampiras tengo que saber donde encontrarlas. El Escritor, Armenius… Tú dijiste que sabías donde encontrarlo y que te debía un favor.

-Sí, sí -dijo Armenius. Salió del callejón y se asomó-. Parece tener sentido todo lo que me dijiste Medel, porque estamos justo a media cuadra de su casa. Me preocupan los días que perdí… pero, bueno, esta bien. Otro día con mis crisis de identidad.

Salí con él. La vampiresa nos siguió de cerca. Estábamos en el centro de la Ciudad de México. República de Uruguay. Tres de la mañana. Miré mi reloj. El tiempo había corrido una semana después de la putiza en Polanco. Si los militares y los judíos eran listos, seguramente ya estaban en camino a madrearse a las vampiras.

-Tenemos que apresurarnos Armenius, o no tendremos pastelito.

-Síganme pues.

Caminamos la media cuadra que prometió. Cruzamos la calle y tocó la puerta de una de esas casonas viejas, de puertas de madera que se pudren cada vez más con las lluvias. No hubo necesidad de tocar una segunda vez porque la puerta ya estaba abierta. El mundo me parecía raro. Habíamos vividos tantos eventos fantásticos en estos últimos días, que tanta normalidad me apesumbraba.

Ya quería matar de nuevo. Esto de conseguir información me parecía aburridísimo.

Armenius no tocó la puerta una segunda vez, porque esta se abrió sola. Entramos y un pasillo largo y angosto, con lámparas de pared a su lado, nos guiaba a una puerta entreabierta. Suspiré. Como todo un caballero permití que la vampiresa pasara primero para verle el culo. Ella accedió leyendo mis pensamientos. Sonrió coqueta mirándome por encima del hombro. Necesitaba algo en qué entretenerme.

-¿Algo quiere mi señor?

-Más al rato.

-Bueno. Pero en serio.

-Sí, sí.

Armenius entró por la puerta y la mantuvo abierta para nosotros. Entramos a una sala llena de libros. Libros viejos y polvosos. Definitivamente, mi profesor aprobaría los últimos 10 minutos de mi vida. Un hombre detrás de un escritorio de caoba, mucho más cuidado que la entrada de su casa, permanecía sentado. Leía tranquilamente y fumaba su pipa. El hombre era viejo, vestía un suéter gris y tenía barba de dos días. En su escritorio había manuscritos aparentemente desordenados.

La vampira se veía inusualmente nerviosa. Del pequeño coqueteo al que nos habíamos sometido, pude notar como tensó sus brazos y sacó sus colmillos. Armenius se mantuvo frente al hombre en silencio. Iba a hablar cuando Armenius me miró por encima del hombro. Su mirada pedía silencio.

Hice geta y me callé.

No sé cuanto tiempo esperamos ahí parados.

La vampira tenía ganas de salir corriendo como un animal. Se le notaba en la mirada.

Miré los títulos de los libros, no había ninguno que reconociera.

Más bien no estaba leyendo. Me miré las manos. No había ninguna cicatriz que hablara de mi pelea con la muerte.

Miré los pelos del escritor. Estaban desordenados.

Una mosca pasó volando. La atrapé con la mano y después la palasté. Eso me hacía sentir mejor. Menos impulso de matar.

La vampiresa no tenía impulso de matar. Tenía ganas de defenderse. ¿Qué tenía ese hombre que la ponía tan nerviosa?

El escritor dejó su libro sobre el escritorio y dedicó largas miradas a cada uno de los tres. Nos sonrió amablemente. La sonrisa hizo que la vampiresa diera un paso atrás. Todos los libros del hombre tenían la cubierta negra y de piel. No me había fijado en ello.

-Yo mismo encuaderno mis libros y si te lo preguntas, Ernesto Medel, también curto la piel de los animales que los protegen. Yo mismo grabo las letras en su cubierta, y por mi propia cuenta los imprimo. No hay placer más grande que estar en el proceso completo de la elaboración de un libro. Tu maestro no sabía de eso, por eso tuviste que matarlo a golpes.

Estaba francamente sorprendido.

-Hace un momento te mirabas las manos, buscando cicatrices de tu batalla contra la muerte. Pensaba que era en sentido metafórico, pero no era así, realmente peleaste con el Hombre de Alas Negras y Rotas. Nunca estará permitido que yo pueda entrar a sus dominios. Puedo vivir con eso. Salvaste a tu amigo aquí presente para que él pudiera pedirme un favor. Un favor que estaba esperando se cobrara desde hace tiempo.

-Verga…

-Sin embargo, Armenius Anders es un hombre demasiado inteligente. Tanto que logró escaparse de pedirme ayuda aún cuando necesitaba la información más escondida. Su problema es cuando siente el fervor de la aventura en la sangre. Ya perdiste la vida una vez Armenius, pero no eres ningún gato. No vas a tener nueve vidas. Te has ganado mi respeto. Es por eso que este favor te lo regalo y te daré otro más. Te debo un favor después de tu pregunta Armenius. Me gustaría verte de nuevo.

-Preferiría no hacerlo…

-Armenius, no se trata de lo que prefieras. Sé que tienes miedo a que alguna vez te niegue la información. Temes no volverme a ver. No te preocupes por eso. Los temores son los grandes impulsores de nuestra vida. Es el espíritu que nos lleva a desear, conseguir, aventurarnos. Siempre que tengas miedo Armenius, llegarás a mi casa, a mi puerta, y podremos charlar. Eres bienvenido todavía.

-¿Quién eres tú cabrón? -pregunté.

-Medel, Medel… ¿Una pequeñez distrayendo tus ansias de matar? Soy un hombre que sabe demasiado. Nada más. Incluso, algunos dicen que yo dicto lo que está por suceder. Por eso me llaman “El Escritor”. No digo lo que sé. Sino que se hace lo que sé. Por ejemplo, puedo hablar del dolor intenso que está corriendo por tu brazo.

El brazo derecho empezó a dolerme. Primero eran pequeños piquetes y luego el dolor se expandió.

-O el dolor que se calma y desaparece, porque ese brazo tuyo es el más sano. No sólo de tu cuerpo, sino del mundo entero. Es el brazo más fuerte que jamás haya existido. Ni siquiera los brazos de Atlas, o el que sostenía el arco de Hör, se comparan a tu arma más valiosa.

Mi brazo se hinchó de orgullo. Ya no me dolía. Armenius me miró atentamente todo ese tiempo. No sé si con ganas de callarme, o detenerme, o simple curiosidad de saber si pasaba todo lo que El Escritor decía. Me encogí de hombros.

-Necesito que me disculpen, como lo están haciendo justo ahora. Había tenido tantas ganas de conocer a Ernesto Medel que perdí la noción de mi nefasta y larga introducción. No es costumbre demostrar a todos el poder que poseo sobre el destino de todos los seres humanos. No es algo intencional, y tampoco puedo abusar mucho de ello, o me convertiría en mi propio personaje. En el momento que yo dicte mi propio destino, entonces entraría a un círculo vicioso donde el descontrol de mi poder modificaría la realidad de manera insospechable.

Y sonrió, muy contento por cierto, el hijito de puta.

Sólo es un tipo con demasiada información. Me dije. Demasiada información puede enloquecer a una persona y hacerle creer que tiene poder sobre la realidad. Sugestiones. Conocí muchos verdugos, doctores que disfrutaban la tortura, o espías, con ese poder de sugestión. Por un momento me ilusioné y pensé que el cabrón podía decirme de mi duelo con la Muerte. Escribirlo y darme una copiecita aunque fuera.

-Señor Escritor -dijo Armenius con todo respeto-. Sabe entonces porque estoy aquí.

-Necesito comas.

-¿Perdone?

-Nada. ¿Decías?

-Las vampiras, señor Escritor. ¿Dónde puedo encontrar a las vampiras?

Jezabel continuaba tensa. El Escritor se le quedó mirando unos minutos.

-Todo es por siete. O por dos. Por dos y son sietes. El siete es el número de la perfección. ¿Lo sabes, mi querida vampiresa? ¿Sabes de mí, no es cierto? ¿Sabes que no puedes saltar porque yo te he puesto ese aro invisible que te controla? No puedes atacarme. Nadie. Tengo tantos nombres como el hombre sin rostro o como el señor que todo lo sabe. Puedo hacer tu vida tan insignificante. Todos los años que has vivido se pueden resumir a dos palabras si lo deseo.

-Señor Escritor…

-Perdona Armenius, perdóname.

-Disculpen, yo si voy a sentarme un ratito -les dije. Encontré una silla que… extrañamente, antes no estaba ahí, y dejé caer mis posaderas. No era un verdugo o un espía con poderes de sugestión. Probablemente era un demonio. Un espíritu inflado.

-Busca en los bolsillos de tu abrigo. He guardado ahí un papel con la información que necesitas -dijo el Escritor amablemente-. Es todo lo que puedo hacer por ti. No debo involucrarme mucho en la historia y te agradecería que no leyeras el papel en voz alta. Interrumpirías la otra historia que estoy escribiendo. No puedo arriesgarme a perderlo.

-Entiendo. Entonces nos vamos.

-Chingada madre, si me acabo de sentar.

-Vámonos Medel.

Jezabel me miró y asintió furiosamente.

Me golpeé las rodillas con las manos y me levanté desganado-. Ta bien, ta bien. Ya no estén chingando pues.

Salimos por el mismo pasillo angosto por el que entramos. Mientras caminábamos, las luces empotradas a la pared se apagaban. La puerta de la entrada se abrió y salimos.

-Esa puerta ya no se abrirá en un rato.

-¿Me quieres explicar que chingados pasó allá adentro?

-Un demonio -dijo la vampiresa-. Son demonios que pueden encaminar el destino de los hombres y provocan la desgracia. No sólo es uno. Son varios. Existen en todo el mundo. ¿Hiciste un trato con él, humanito?

-No.

-¿No mientes?

-No.

-¿Entonces cómo lograste que te debiera un favor?

Armenius se quedó callado. Se frotó la cara por unos segundos.

-No lo sé, vampiresa. Simplemente me lo encontré en una cantina, le pagué un trago porque no tenía dinero en sus bolsillos y me dijo que le debía un favor. Me dijo que le llamaban El Escritor y pregunté por él en el bajo mundo. Entonces supe que él tenía toda clase de información y que no había cosa que no supiera. Nadie me habló de desgracias. Lo que te puedo decir es que esa plática en el bar fue jodidamente rara y que me impresionó tanto, que lo creí todo.

-Se ha fijado en ti, humanito. Eso no es bueno.

-También se fijó en ti, y en Medel.

-Por ningún motivo hagas ningún trato con él, y es mejor que nos vayamos pronto, antes de que se le ocurra escribir nuestra historia.

-Eso no pasará -respondí tranquilamente, en lo que buscaba con la mirada algún coche. Íbamos a necesitar transporte si queríamos salir corriendo a matar vampiras.

-¿Por qué?

-Mera lógica. Son varios demonios controlando el destino de ciertos hombres. Si todos tienen el mismo poder, seguramente entran en conflicto o se anulan. Esos hombres tienen que firmar algún contrato para que el demonio controle su destino, entonces no hay problema. Te debe un favor. Hasta que no te diga que hay un trato de por medio, no debes temer Armenius…

-Mi señor… con todo respeto, el humanito no debe considerar acercarse más a ese monstruo, si no quieres sacarlo de nuevo de las garras de la muerte.

-Ya pues. Mi compadre es muy inteligente, no va a pasar y no mamen. Mi compadre seguramente ya entendió que no lo voy a ir a salvar de nuevo. A lo que nos truje: Vampiras. QUIERO MADREAR VAMPIRAS.

Los dos se callaron cuando caminé rápidamente hacia una caribe estacionada. Rompí el vidrio con mi brazo de Hör, ja. Me subí, le abrí a los demás las puertas y me puse a buscar los cablecitos de corriente.

-Además, todo este tiempo, he sido yo quien ha escrito esta historia.

Dijo Medel, y se chingan.